Cuando me enteré de que David Fincher, uno de los directores
más respetados del Hollywood actual desde que deslumbrase en los noventa con la
imprescindible “Sev7n”, iba a dirigir una película sobre Facebook me eché las
manos a la cabeza. No tengo ningún miedo en admitirlo, me temí lo peor. Tras
haber “fracasado” por su desmedida ambición con “El curioso caso de Benjamín
Button” parecía que Fincher perdía definitivamente el rumbo. Cuando pude ver el
trailer no puse la misma cara, comencé a tener ciertas esperanzas. Y los que
hayan leído mis impresiones sobre ella aquí saben de sobre que, evidentemente,
me maravilló y me pareció una de las mejores películas del 2010. Que le negasen
el Oscar al mejor director me parece un disparate mayúsculo. Y entonces
Fincher, ni corto ni perezoso, confirmó que se ponía manos a la obra con la
adaptación norteamericana del best-seller “Millenium: los hombres que no amaban
a las mujeres”. Otra vez escepticismo, otra vez cierto temor a que Fincher
doblegase su talento a la parte más oscura de la industria.
El caso es que esta vez fue uno sobre aviso y sabiendo que
el material preexistente (por lo que me contaban, ya que ni leí el libro ni vi
la película sueca) era más que interesante y contando de nuevo con Steven
Zaillian al guion, las esperanzas en que se tratase de una gran película no
eran vanas. De nuevo salió el trailer y de nuevo se quedó uno con la boca
abierta. Al ritmo de un Led-Zeppelin modificado a su gusto por Atticus Ross y
Trent Reznor, daba la impresión de que nos encontrábamos ante un thriller en el
que Fincher, un auténtico esteta y un genio visualmente hablando, desplegaría
todo su arsenal. Yo no lo dudé ni un solo momento: estábamos ante una nueva
entrega de la confirmación de un talento, ante la nueva entrega del “nuevo
Fincher”, un director renovado pero que mantiene su esencia e incluso hace
prevalecer su sello ante un material tan ajeno como comercial.
Ayer pude verla y me quedé con la boca abierta. Dos horas y
cuarenta minutos de pura adrenalina y tensión que, desgraciadamente, tienen un
final. Una película imprescindible, talentosa, perturbadora, arriesgada,
consecuente. Junto a “La red social” forma un díptico imprescindible en la
carrera de su responsable aunque muchos no sepan ver las similitudes que ambas
tienen: personajes solitarios, globalización, constatación de un mundo que
cambia pero que se ve abocado a cometer los mismos errores del pasado. Y un
estilo visual renovado, fresco, elegante y lleno de actualidad, un Fincher que
se rodea de nuevo del mismo equipo técnico y artístico para subir un peldaño en
su carrera como cineasta.
Poco queda ya del Fincher sobreactuado de “El club de la
lucha”, demasiado pendiente de impresionar a través de su imagen “videoclipera”
y con ganas de provocar por el único placer de hacerlo. El Fincher que ahora
observamos en la actualidad es un Fincher vituoso pero sosegado, un director
muy profesional (en cuanto al material que adapta) y a la vez eternamente personal
(en cuanto al nuevo ladrillo que le pone al edificio de su propia historia
cinematográfica). Desconozco qué tal está el libro que llevó a la fama al sueco
Stieg Larsson tras su muerte y también desconozco la calidad de la película en
la que destacaba una Noomi Rapace que ya da sus primeros pasos en Hollywood.
Supongo que los que ya conozcan de antemano la historia de Mike y Lisbeth a la
par que la sobrecogedora investigación que llevan a cabo en la isla Vanger perderán mucha parte del efecto sorpresa. Y
un servidor se lamenta. Porque no poder disfrutar en su totalidad de un Fincher en plenitud por
culpa de conocer la historia que éste narra es una auténtica pena de la que
nadie tiene culpa.
Yo conseguí llegar virgen a su visionado argumentalmente y
vaya si lo disfruté. No por la historia en sí, si no por ver cómo Fincher
despliega todo su talento para contarnos un thriller con el sencillo poder de
las imágenes dejando de lado la palabrería barata. Toda la investigación, toda
ella, está narrada a través de un montaje tan ejemplar como complicado, algo
que Fincher ya demostró que estaba perfeccionando en su anterior película. Aquí
las pesquisas no se nos transmiten a través de los diálogos o las impostadas
situaciones del peor de los Cines de detectives, sino que avanzamos con el
ritmo de las imágenes, avanzamos junto a los personajes y lo hacemos con el beneplácito
de un director que impresiona a la vez que convence.
Poco hay que decir, después de tantas alabanzas a un director que sin duda está ante su plenitud artística, del ajustado y casi perfecto reparto que se da cita en esta aventura de lo grotesco. Rooney Mara, el nuevo talento femenino de Hollywood, se viste del personaje más enigmático y atrayente de toda la película y lo hace a la perfección. Su papel es de galardón de los gordos, mucho más complicado de lo que parece a simple vista. Daniel Craig, quien inteligentemente se empeña en no encasillarse como el Bond del siglo XXI, consigue transmitir con mucho talento el tedio y el día a día de una investigación tan laberíntica. Christopher Plummer, Robin Wright y Stellan Skarsgard convienen en recordar que no por pequeño un papel ha de ser menos trabajado e intenso. Todos están geniales y siguen la batuta intensa, sentida y perecedera de un director de orquesta que, si sigue así, se escapará a nuestras palabras.
Poco hay que decir, después de tantas alabanzas a un director que sin duda está ante su plenitud artística, del ajustado y casi perfecto reparto que se da cita en esta aventura de lo grotesco. Rooney Mara, el nuevo talento femenino de Hollywood, se viste del personaje más enigmático y atrayente de toda la película y lo hace a la perfección. Su papel es de galardón de los gordos, mucho más complicado de lo que parece a simple vista. Daniel Craig, quien inteligentemente se empeña en no encasillarse como el Bond del siglo XXI, consigue transmitir con mucho talento el tedio y el día a día de una investigación tan laberíntica. Christopher Plummer, Robin Wright y Stellan Skarsgard convienen en recordar que no por pequeño un papel ha de ser menos trabajado e intenso. Todos están geniales y siguen la batuta intensa, sentida y perecedera de un director de orquesta que, si sigue así, se escapará a nuestras palabras.



Yo también he disfrutado enormemente con esta película, y al igual que tú, también iba "virgen" en lo que se refiera al conocimiento del argumento. Me gustaría que fuera Fincher quien, si las hacen, se encargara de cerrar la trilogia.
ResponderSuprimirUn saludo.