sábado 7 de enero de 2012

La vida privada de Sherlock Holmes: el detective derrotado



El jueves 5 llegó a las carteleras la segunda parte del Sherlock Holmes made in Guy Ritchie y un servidor, por compromisos navideños, todavía no ha podido hincarle el diente. Y ganas no me faltan, ya que la primera parte me pareció un entretenimiento aventurero tan exagerado como simpático y divertido, un blockbuster bien facturado, con muy buenos actores y una ambientación de primera. El caso es que, antes de lanzarme a la segunda parte, conviene recordar alguna de las muchísimas adaptaciones del personaje de Arthur Conan Doyle a la gran pantalla. No en vano, el famoso detective de la pipa es el personaje literario más adaptado al Cine de toda la historia, lo cual no es moco de pavo y, como siempre que existen muchas películas referentes a algo, las hay buenas y malas. Una de las más recordadas es la peculiar visión que Billy Wilder, junto a su inseparable I. A. L. Diamond, dio allá por el año 1970.

Alejándose del tópico y del misticismo alrededor del personaje, Wilder decidió emprender un proyecto arriesgado y personal que, como en muchas otras ocasiones que reúnen esas características, fue mutilado por la productora de turno. Se dice que el proyecto inicial contaba con más de tres horas de duración, por lo que el resultado final se comió nada más y nada menos que una hora y pico de metraje. Asumiendo que esto sea verdad, cabe decir que a pesar de ello la película no se resiente en demasía y no da la impresión de que falten cosas por contar. Todo lo contrario, su duración es la justa y la película resulta casi redonda, aunque siempre quedará la espina de saber qué tenía entre manos el director de “El Apartamento”.

Lo que queda claro desde su sencilla, curiosa y bonita secuencia de créditos, es que Wilder quiere alejarse del tópico y de la leyenda que todos conocemos. Desde el primer momento asistimos a la vida privada de un Holmes empeñado en señalar que las memorias escritas por su inseparable Watson tienen más de mito que de realidad. Con todo, Wilder no renuncia en ningún momento a su estilo y baña la película de ironía y de afilados toques de comedia, jugando sobre todo con la cacareada homosexualidad del detective. Wilder, que escribió el guion al alimón con Diamond, hace suyos unos personajes ajenos y convierte las aventuras de Holmes en un retrato de interiores en el que los defectos resaltan mucho más que las virtudes.

Pero esto no quiere decir que no haya misterios ni investigación. Para nada, la película cuenta con dos partes diferenciadas y con un atrayente y curioso enigma alrededor de una mujer que se presenta en casa de Holmes y Watson. Es esa mujer la que marcará toda la película y es por su causa que este Holmes se diferencia tanto del resto. Es el momento en el que descubrimos un detalle que hace referencia a ella en el que Holmes queda al descubierto. Un brillante detalle del guion (que no voy a desvelar) que nos muestra la cara más perdedora del detective inglés y sus sentimientos más ocultos. Por ello este Holmes “a lo Wilder” se desmarca de lo establecido y se posiciona en el lado más nostálgico y romanticista de la última etapa del maestro de origen austriaco. Un estilo que sería a la vez el de su decadencia y que vería su cumbre, a mi parecer, con “Fedora”. De hecho la película protagonizada por un veterano William Holden y la que nos ocupa poseen más de un paralelismo y forman un díptico imprescindible para entender al realizador.
Es cierto que en el aspecto visual, aunque la película es muy elegante, se le pueden achacar ciertos anacronismos y encorsetamientos propios de la época que le tocó vivir a su responsable. Exceso del plano de conjunto teatral, un technicolor un poco arcaico y ciertos detalles que no pasarán desapercibidos para los más “modernos”. Sin embargo, “La vida privada de Sherlock Holmes” es una lección de Cine por parte de su autor y uno de los últimos coletazos de su extensa y casi impecable carrera, una película que no ha envejecido para nada y que, a todos aquellos que gusten de las aventuras del detective, se tornará casi imprescindible. Una caída del mito en toda regla, una película con momentos de terrible amargura y con un final que no por previsible deja de ser una punzada violentísima al corazón. Doyle, Wilder y un tal Miklos Rozsa poniendo la música. No se puede pedir más.

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